Las manos en los bolsillos, el viento cálido en la cara. De pronto, a media cuadra de la comisaría, una silueta azul se acerca de frente. Se va aproximando rápidamente hacia mí. No puedo ver su cara, sólo distingo que es mujer. Ambas vamos acortando la distancia. Ya casi puedo verle los ojos. Luz. Me está mirando. La miro. A diferencia de todo uniformado sus ojos no miran desafiantes, estos ojos parecen entenderse con los míos, como sí viniéramos del mismo barrio, del mismo lugar, como sí nos conociéramos de hace tiempo, creería que hasta de chicas jugábamos juntas al elástico... No sé.Las comisuras de sus labios se elevan de a poco. Está sonriendo. ¿Está sonriendo? Me está sonriendo! Increíble. Inmediatamente un recuerdo fugaz. 24 de marzo del 2012. Sí, es ella! La mujer policía que hace un año nos trasladaba, de una habitación, a otra con rejas.
¿Es posible que esos mismos ojos, que esa misma sonrisa acogedora fuera la misma que todas las noches levanta pibes de la calle para "rellenar números" en una planilla? ¿Será que con esa mirada pedía perdón a la sociedad por ser marioneta de este sistema represor? Quizás quería disculparse conmigo por haberme llevado ese día... O, lo que es peor, por volver a tener que hacerlo mañana...
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